AI Summit: construir y adoptar tecnología en mercados emergentes
AI Summit sienta un precedente para que Colombia y la región sigan adaptando tecnología de manera acelerada
Colombia tiene 66% de adopción de IA en las empresas y solo 12% de retornos financieros medibles. Esa brecha fue el punto de partida del AI Summit Colombia, celebrado el 7 y 8 de mayo en Bogotá con compañías como Mercado Libre, AWS, Lulo Bank, Habi y Jelou AI sentadas alrededor de la misma pregunta: ¿por qué la IA llega a los servidores pero no llega a los resultados del negocio? Para Juan Carlos Uribe, NTO de Microsoft: “La IA no fracasa en los servidores. Fracasa en los boardrooms.” El 12% que sí muestra retornos tomó decisiones operativas específicas sobre cómo organizar el trabajo alrededor de la tecnología, con el mismo arsenal técnico disponible para todos los demás.
Bogotá y Colombia están tratando de demostrar que son capaces de implementar IA a escala empresarial, con casos de uso verificables, con errores que se nombran en público y con organizaciones dispuestas a compartir qué funciona y qué no. Seguros Bolívar llegó al AI Summit con casos en producción.
Una organización de siete compañías
El Grupo Bolívar tiene siete compañías, 100,000 empleados y más de 250 aplicaciones corriendo en producción. Su nube transaccional es AWS y la capa de datos analíticos e inteligencia artificial corre en GCP, una arquitectura que refleja cómo las dos plataformas se han dividido el mercado empresarial: Amazon para escalar transacciones, Google para escalar inteligencia. Tienen activos digitales propios como Gente, una plataforma que conecta usuarios con servicios profesionales por horas. Su portfolio incluye seguros, banca y una unidad llamada Servicio Bolívar donde operan sus startups.
Para Germán Sánchez, que lidera la tecnología de la compañía, el orden de la implementación es: productividad personal primero, productividad empresarial después, dominios de negocio al final. El orden importa porque cada capa construye sobre la anterior. Saltarse la primera y pretender llegar a la tercera explica buena parte del 88% que adopta sin retornos.
El almuerzo y el código listo
Germán cuenta cómo hace poco, gracias a las mejoras incrementales de las herramientas de inteligencia artificial, tuvo que definir un caso de uso de implementación para su empresa.
El equipo se puso de acuerdo con la IA sobre los requerimientos, los validó y le dio la instrucción de construir. Germán salió a almorzar con su esposa y su hijo. Volvió dos horas después y el código estaba terminado.
“¿Dónde está mi trabajo ahora? En el pensar, no en el codificar.”
Lo que cambia con eso es el perfil del ingeniero que genera valor. Articular especificaciones precisas pasa a ser la habilidad central; ejecutar tareas mecánicas sin pensar en la capa de especificación queda desplazado. El equipo arrancó con Cursor y migró después a una herramienta de AWS: probaron, evaluaron y cambiaron. Esa velocidad de decisión sobre el stack tecnológico suele ser más predictiva del éxito que cualquier elección puntual de plataforma.
La subcarpeta que se llama Prophecy
El Grupo Bolívar tiene un agente que accede a los repositorios de código de sus activos digitales y conoce la infraestructura que corre debajo de cada aplicación. Cuando una aplicación genera una excepción, sea de infraestructura, de plataforma o de lógica de negocio, el agente lee los logs, se conecta a Datadog para el monitoreo, correlaciona los eventos y deposita su análisis en una subcarpeta del repositorio que se llama prophecy. El desarrollador llega al código y encuentra ahí un archivo Markdown con el diagnóstico de causalidad. Por ahora, con ese análisis el equipo humano resuelve el problema. La dirección es que la misma IA genere el pull request: que detecte el error, escriba la corrección y la deje lista para pasar a producción.
“Creo que ni siquiera sabíamos que teníamos bugs”, dijo Germán.
El primer valor del agente es cartográfico: mapea errores que antes eran invisibles, y la velocidad de resolución llega después. Una compañía de salud con la que trabajo redujo su tiempo de corrección de bugs de dos semanas a cuatro horas con un sistema similar. En el Grupo Bolívar, el agente está en la etapa de revelar el mapa.
El desacuerdo sobre los datos
Según Germán: el valor profundo de la organización está en lo que las personas hacen en su día a día, y para eso tienen un modelo de observabilidad que va desde la infraestructura hasta las transacciones de negocio, todo volcado a un lago de datos post-analítico con tres nubes interoperando.
Yo me remito a lo que he visto en Coinbase y otras compañías que están adoptando una apuesta agentic-first: alimentar un LLM propio con toda la data conversacional, de forma que el modelo empiece a detectar cuándo hay equipos desalineados y le avise al CEO que vaya a hablar con esa gente.
Estamos construyendo algo similar con Cora Bilbao, nuestra IA que conecta conversaciones de ventas a través de WhatsApp, Telegram, mail y Slack. En un ciclo B2B de cinco meses, cuando Cora tiene acceso a toda la data de las interacciones previas con un cliente, puede acortar ese ciclo a dos o tres meses.
Alfabetizarse o quedarse por fuera
Para mí ser letrado en inteligencia artificial es la condición de base, igual que saber leer y escribir. Que levante la mano quien no sabe leer: nadie en ninguna sala. Eso es lo mismo que va a pasar con la IA en los próximos años.
Según Ben Horowitz, la humanidad lleva siglos creando más tecnología y consistentemente la gente trabaja más horas, no menos. Va a haber una transición dolorosa para muchas personas. Pero quien no se alfabetiza va a quedar en la misma posición que quedó quien no aprendió a leer en el siglo XIX.
Lo que estoy viendo en el Grupo Bolívar es un intento serio de hacer esa transición de manera sistemática. En seguros de movilidad, la IA analiza imágenes del siniestro, sugiere si conviene usar la cobertura de pequeños accesorios y procesa el pago sin intervención humana hasta cierto monto. Aprueban consultas médicas con IA para reducir tiempos de autorización. Procesan facturas de prestadores de salud en múltiples formatos que antes llegaban en papel. Revisan requerimientos del ente regulador con IA y generan borradores de respuesta, con un humano que aprueba antes de enviar.
Son pasos deliberados en un sector donde el costo de un error se mide en salud y en vida. Si alguien llega a urgencias con su hijo y el sistema de autorización queda en espera, eso tiene una escala diferente a una tarjeta de crédito rechazada. El hecho de que estén tomando esos riesgos calculados, aprendiendo en cada decisión y ampliando el monto que el agente puede aprobar solo, es exactamente el tipo de práctica que Colombia necesita documentar si quiere ser algo más que un mercado de adopción temprana.
Bogotá en ese mapa
La ambición detrás del AI Summit es demostrar que Bogotá y Colombia tienen la capacidad de implementar IA a escala empresarial, en sectores regulados, con casos de uso auditables y errores que se nombran en público. El 12% que muestra retornos en Colombia tomó decisiones antes de saber si iban a funcionar, midió los resultados y ajustó.
Eliuth Triana, referente de NVIDIA para América Latina, planteó en el mismo evento una capa que las discusiones sobre adopción empresarial suelen saltarse: la energía. La unidad básica de la economía de IA es el token, y para producir tokens hacen falta megawatts. La industria global ya está midiendo cuántos gigawatts necesita para escalar; América Latina, con su energía renovable abundante, tiene la opción de ser generadora de esa infraestructura y no solo consumidora de los tokens que producen otros.
La pregunta que planteó Triana es de política industrial y de infraestructura energética: cómo convertir la energía disponible en la región en capacidad de cómputo local, para que las startups y empresas latinoamericanas puedan acceder a tokens sin depender de fábricas de IA en Estados Unidos o Asia.




