El mundo se transformó mientras llevábamos a nuestros hijos al colegio
Esa transformación sucedió de la noche a la mañana
Resulta que en Silicon Valley, tres adolescentes que se conocieron en el equipo de debate de su preparatoria fundaron una startup de inteligencia artificial que hoy vale US$2 mil millones. Adarsh Hiremath, Brendan Foody y Surya Midha dejaron la universidad, recibieron inversión de Peter Thiel y Jack Dorsey, y construyeron Mercor antes de cumplir 22 años. Ninguno tenía MBA. Ninguno había trabajado en Google. Solo tenían una idea, herramientas de IA y la voluntad de ejecutar.
Mientras tanto, según el último informe del Foro Económico Mundial, el 40% de las habilidades laborales que hoy existen van a cambiar antes de 2030. Cinco años. Eso significa que un adolescente que hoy tiene 14 años y está aprendiendo Excel en el colegio va a entrar al mercado laboral con herramientas obsoletas. Esto ya está pasando. En mi opinión, la mayoría de los padres latinoamericanos —incluyéndome a mí hace algunos años— seguimos operando con el modelo mental de nuestros propios padres: estudia mucho, saca buenas notas, consigue un título, busca un empleo estable. Ese modelo funcionó para nosotros. Para nuestros hijos, es una apuesta arriesgada.
La economía del conocimiento llegó, pero LATAM sigue preparando empleados del siglo XX. Hay un concepto que los economistas vienen discutiendo desde hace décadas pero que ahora se siente urgente: la K-Economy, o economía del conocimiento. La idea central es simple pero profunda: el recurso económico dominante ya no es la tierra, ni el capital, ni siquiera la mano de obra barata.
Es el conocimiento y la capacidad de aplicarlo para crear valor. Corea del Sur entendió esto hace sesenta años. En 1960, su PIB per cápita era de 158 dólares, inferior al de Bolivia. Hoy supera los 36,000 dólares. No fue el petróleo ni los recursos naturales, porque no hay. Fue una apuesta sistemática por educación técnica, inversión en I+D y formación de una generación entera capaz de construir, no solo de operar.
América Latina tiene 163 millones de jóvenes entre 15 y 29 años. Es la región más joven del hemisferio occidental. Pero según la OIT, la tasa de desempleo juvenil en LATAM es casi tres veces mayor que la de los adultos. Y el 60% de los jóvenes que sí trabajan lo hacen en la informalidad, sin seguridad social ni estabilidad. En Latinoamérica seguimos gastando cartuchos en un sistema educativo que prepara a nuestros jóvenes para un mundo que ya no existe.
Lo que están haciendo los de 16 años en otras partes del mundo
Mientras escribo esto, Toby Brown, un adolescente de 16 años de Londres, acaba de levantar un millón de dólares para su startup de IA llamada Beem. Dejó los exámenes de preparatoria y se fue a Silicon Valley. Su producto: un asistente de inteligencia artificial que aprende tus hábitos y te ayuda a gestionar tu vida digital. Zach Yadegari vendió su primera aplicación a los 16 años por casi 100,000 dólares. Usó ese dinero para fundar Cal AI, una app de nutrición que hoy genera 30 millones de dólares anuales. Tiene 18 años.
Pranjali Awasthi fundó Delv.AI a los 16. Raghav Arora fue aceptado en Y Combinator —la aceleradora más prestigiosa del mundo— también a los 16. Arlan Rakhmetzhanov, de Kazajistán, dejó la preparatoria para mudarse a San Francisco y construir su startup de agentes de IA. Según un reporte de la firma de venture capital Antler, la edad promedio de los fundadores de unicornios de IA cayó de 40 años en 2021 a 29 años en 2024. Y sigue bajando. Los jóvenes que crecieron con ChatGPT no se intimidan con la IA, es su equivalente a lo que fue para nosotros Word o Excel. ¿Qué están haciendo nuestros hijos mientras estos adolescentes construyen empresas?
El mito del “primero la carrera, después emprender”. Crecí escuchando que primero había que terminar la universidad, conseguir experiencia laboral, ahorrar un poco, y después —si quedaba tiempo y energía— pensar en emprender. Ese consejo tenía sentido cuando la información era escasa, las herramientas costaban millones y se necesitaba una red de contactos que tomaba décadas construir.
Hoy, un adolescente con un laptop y acceso a internet puede usar Claude o ChatGPT para escribir código funcional sin saber programar desde cero, diseñar interfaces con herramientas no-code en días, validar una idea con usuarios reales a través de redes sociales y levantar capital de inversores que específicamente buscan founders jóvenes.
Sin embargo, también considero que en la época donde el costo de oportunidad para convertirse en creador ha disminuido considerablemente, el taste y el criterio serán el diferenciador.
Lo que antes tomaba cinco años y medio millón de dólares, hoy se puede hacer en semanas con casi cero capital. La barrera de entrada colapsó. Pero la mentalidad de muchos padres —y de muchos sistemas educativos— sigue anclada en la escasez del pasado. El WEF estima que el 84% de los empleadores en América Latina van a tener que capacitar internamente a su fuerza laboral para cubrir la demanda de talento digital.
Eso significa que las empresas ya no confían en que las universidades preparen a los graduados. Están asumiendo que tendrán que enseñarles lo que realmente necesitan saber. Si las empresas ya no confían en el sistema educativo tradicional para formar talento, ¿por qué seguimos apostando exclusivamente a él?
Construir cambia la forma en que las personas piensan
Hay algo que he observado en los jóvenes que han pasado por programas donde realmente construyen cosas: cambian. La diferencia es sutil al principio pero profunda con el tiempo: un adolescente aprende a usar herramientas y desarrolla una forma distinta de abordar problemas.
Cuando un adolescente pasa por el proceso de identificar un problema real, diseñar una solución, construir una primera versión, mostrarla a usuarios reales, recibir feedback (a veces brutal), iterar y volver a intentar, algo cambia en su cabeza.
Deja de esperar que alguien le diga qué hacer. Empieza a ver oportunidades donde antes solo veía obstáculos. Desarrolla tolerancia a la incomodidad del “no sé cómo hacer esto todavía”. Y quizás lo más importante: pierde el miedo a empezar. Eso es lo que Peter Drucker, el padre del management moderno, llamaba el “trabajador del conocimiento”: alguien que no solo ejecuta instrucciones sino que crea valor a partir de lo que sabe y lo que puede aprender. En la economía que viene, esa capacidad va a ser la diferencia entre tener opciones y no tenerlas.
Hay una oportunidad demográfica que no va a ser infinita
Latinoamérica tiene una ventaja que pocos mencionan: somos una región joven. La edad mediana en LATAM es 31 años, comparada con 38 en Estados Unidos, 44 en Europa y 49 en Japón. Esos 163 millones de jóvenes representan un potencial enorme. Pero esa ventana demográfica se está cerrando. En las próximas dos décadas, la pirámide poblacional va a cambiar. Si no invertimos ahora en formar a esta generación con las habilidades que la economía del conocimiento demanda, habremos desperdiciado la mayor oportunidad de desarrollo en la historia reciente de la región.
El mercado de EdTech en Latinoamérica está creciendo al 12% anual y se proyecta que alcance los 50,000 millones de dólares para 2033. Hay demanda y los padres buscan alternativas.
Las empresas están desesperadas por talento que sepa construir con IA. El nearshoring está trayendo inversión que requiere exactamente las habilidades que el sistema educativo tradicional no enseña. Todo está alineado. Lo único que falta es conectar a los jóvenes con las oportunidades.
Por qué creamos NEXT
Desde que supe que sería padre, comencé a pensar en este problema. Después de cofundar y levantar una de las compañías que más ha crecido en menos tiempo en la historia reciente de la región, después de invertir en docenas de startups, después de mentorear a cientos de founders jóvenes a través de Makers Fellowship, llegué a una conclusión que me parece obvia pero que muy pocos están actuando: hay que empezar antes.
No a los 25, cuando ya tienen deudas de universidad y presión familiar. No a los 22, cuando están buscando su primer empleo “seguro”. A los 14, 15, 16 años. Cuando todavía tienen tiempo para experimentar, fallar, aprender y volver a intentar sin que el fracaso signifique catástrofe financiera.
Por eso creamos NEXT: un programa de 8 semanas donde jóvenes de 13 a 18 años aprenden a construir proyectos reales usando inteligencia artificial y mentalidad de startup. La filosofía es simple: se aprende construyendo. Nada de teoría interminable, nada de exámenes sobre conceptos abstractos. Cada estudiante termina el programa con un MVP funcional —una primera versión real de un proyecto propio—, experiencia usando herramientas de IA, y algo que ningún curso tradicional enseña: la confianza de saber que pueden crear algo de la nada.
El programa sigue un camino claro: en la primera semana definen un problema real. En la segunda diseñan la solución. En la tercera construyen el MVP. Después validan con usuarios reales, reciben feedback, iteran, y finalmente presentan su proyecto ante mentores y founders de startups como Rappi, Truora y otras compañías del ecosistema. Por cada estudiante que paga, becamos a otros dos. Porque el talento está distribuido uniformemente, pero las oportunidades no.
Una pregunta para vos
Si tu hijo o hija tiene entre 13 y 18 años, preguntate: ¿qué van a saber hacer en cinco años que los diferencie? ¿Van a competir por los mismos empleos que millones de otros graduados con credenciales idénticas? ¿O van a tener la capacidad de crear sus propias oportunidades? El mundo cambió. Lo que he visto, y lo que intento ilustrar con este artículo, es que los adolescentes de otras partes del planeta ya están construyendo empresas mientras los nuestros memorizan fechas para exámenes. La brecha no se cierra estudiando más de lo mismo. Se cierra aprendiendo a hacer cosas que importen.
NEXT es nuestra apuesta por cerrar esa brecha. Si querés que tu hijo sea parte de la próxima generación de builders latinoamericanos, las inscripciones están abiertas.
Finalmente
¿Qué habilidades que tu hijo está aprendiendo hoy seguirán siendo relevantes en 2030?
¿Cuántas veces en su educación actual ha tenido que construir algo real y mostrarlo a personas fuera del aula?
Si tuvieras 15 años hoy, con acceso a las herramientas que existen, ¿qué harías diferente?
¿Estamos preparando a nuestros hijos para el mundo que viene, o para el mundo que ya pasó?








Excelente reflexión!, es un tema muy interesante para abordar porque el tema se trata muy superficial en casa.