Esteban Peñaloza de Trii: ser tan rápido como el perro que te persigue
Quemar los barcos para que la compañía funcione.
Cuando recién estaba arrancando Trii, Esteban Peñaloza se sentó a hablar con mi hermano Daniel Bilbao porque necesitaba validación de identidad para la aplicación y el costo por usuario amenazaba con quebrarlos en el primer mes. Daniel escuchó el pitch completo y preguntó lo obvio: “¿Por qué alguien querría invertir en acciones locales pudiendo comprar Apple?”
Esteban descubrió un insight de negocio que se convirtió en una ventaja emergente: las ganancias de capital en acciones inscritas en la Bolsa de Valores de Colombia están exentas de impuestos y esa es una regulación que ha sobrevivido incluso a la reforma tributaria de Petro. Además, tras conversar con varios usuarios, Esteban entendió que un activo como Bancolombia generaría más confianza en un colombiano promedio que Nvidia, sin importar qué tan superior fuera objetivamente la acción gringa.
Conversamos el viernes pasado en el Book Club sobre Poors Charlie Almanack, la biografía del inversionista legendario Charlie Munger. Esteban compartió algo que desarma cualquier romantización del emprendimiento: él y Charlie Guayara arrancaron Trii convencidos de que era su única oportunidad real de construir algo importante. Sin MBA de Stanford ni paso por McKinsey, sentían que las puertas tradicionales estaban cerradas.
“Si esto no funcionaba, marica, yo me iba a morir de hambre. Básicamente, ese era lo que yo creía en ese momento.”
Desempleados que terminaron construyendo software
La historia del origen de Trii tiene más de casualidad forzada que de visión estratégica. Esteban trabajó varios años en banca de inversión, principalmente en M&A y gestión de activos de renta variable. Durante la pandemia se quedó sin trabajo.
Esteban y Charlie empezaron haciendo consultoría de finanzas para pagar las cuentas. En algún momento intentaron abrir una cuenta de inversión en acciones locales para un cliente y descubrieron lo ridículamente difícil que era el proceso para una persona natural. Papeleo interminable, sistemas de entrada con alta friccion pensados para inversionistas institucionales, comisionistas de bolsa que nunca diseñaron nada pensando en el inversionista pequeño.
Un amigo los conectó con el presidente de la Bolsa de Valores de Colombia. Pasaron meses en un proceso de ideación intenso sobre cómo se vería un MVP de comisionista con tecnología. Charlaron con agentes financieros, validaron la hipótesis, y terminaron pitcheando directamente al presidente de la bolsa.
Trii fue revolucionario porque eliminó fricción para que inversionistas minoritarios que históricamente habían invertido en activos internacionales descubrieran activos valiosos la Bolsa de Valores de Colombia.
Timing perfecto: pandemia y tasas de interés marginales
Trii arrancó en plena pandemia, cuando Estados Unidos giraba cheques de cientos de dólares a los ciudadanos y la gente miraba dónde poner su plata.
Las tasas en Colombia también bajaron, por lo que el apetito de riesgo se disparó. La acción de la Bolsa de Valores de Colombia pagaba 16% en dividendo. Ese contexto creó la ventana perfecta. Si el CDT te paga 15% anual, ¿para qué vas a arriesgarte a comprar Ecopetrol? Pero cuando las tasas están en el piso, tienes que correr más riesgo para buscar mejores rentabilidades.


