Podcast | El colegio del futuro
La inteligencia artificial va a reemplazar a los malos profesores y va a potenciar a los buenos
Sofía Agudelo sabe que cuando un estudiante enfrenta un bloqueo matemático, las áreas del cerebro que se activan son las mismas que en alguien con aracnofobia ante una araña. Ese descubrimiento es el origen de Innovamat. Hay personas que cierran puertas y eligen vidas basadas en un miedo que aprendieron antes de los diez años y que nadie había atendido con rigor científico.
Sofía es matemática, lleva 16 años en educación, seis en Innovamat. Coral Regí pasó 35 años dirigiendo uno de los colegios más vanguardistas de Cataluña antes de convertirse en consultora de transformación educativa para ministerios y fundaciones en varios países. Es bióloga. Llegó a Innovamat por las rutas pequeñas del ecosistema catalán. Se quedó porque encontró rigor, agilidad y evidencia científica al mismo tiempo.
Hoy Innovamat trabaja con más de 2.600 colegios en nueve países, incluyendo escuelas públicas en Río de Janeiro. Para agosto llegan a 60 colegios en Colombia.
El método parte de una pregunta que los algoritmos tradicionales nunca hacen: ¿por cuántos caminos distintos se puede llegar al mismo resultado? Los estudiantes recorren las rutas en vez de memorizar el procedimiento, y lo que comprenden no se olvida. El error tiene su propio protocolo: tableros borrables, todos levantados al mismo tiempo, para que la respuesta equivocada deje de ser tuya y sea una entre todas. Con eso se enseña algo que no figura en ningún libro de texto: que equivocarse no define a quien se equivoca.
Hay un estudio hecho en España que buscó entender por qué las niñas abandonaban las matemáticas. La respuesta estaba en las maestras de primaria, que habían transmitido su propio miedo a sus alumnas sin saberlo. Coral agrega algo más amplio: las mujeres suelen educarse con menos margen para el error que los hombres, y el mandato de la perfección produce pánico ante lo imprevisto.
Coral distingue dos tipos de aproximaciones frente a la inteligencia artificial: los papanatas, que adoptan cualquier herramienta con entusiasmo acrítico, y los papanoicos, que ven amenaza en todo lo tecnológico. La virtud está en el punto medio. La IA personaliza el aprendizaje a una escala que ningún docente puede manejar solo con 25 estudiantes frente a él. Los buenos maestros hacen mientras tanto lo que la tecnología no puede: construir vínculo, hacer las preguntas que abren reflexión, estar presentes donde el aprendizaje ocurre por una relación y no por un contenido.
Coral lo cierra con esto: las buenas escuelas son las que ayudan a diseñar el futuro. Y ese diseño, para que funcione, empieza a los tres años con un tablero que se puede borrar.

