"Si son más productivos, ¿a cuánta gente despidieron?". Con esa pregunta un viejo profesor de física desarma los robots nuevos de la planta que dirige el protagonista de The Goal: no despidieron a nadie, no venden más y el inventario sigue igual, así que la productividad que festejaban no existe.
Una novela escrita para quitar excusas
La primera sesión de The Goal, de Eliyahu Goldratt, se fue en algo que suele pasarse por alto: cómo está escrito. El autor arranca peleado con la palabra ciencia, que según él se volvió sinónimo de complejidad cuando apenas significa tener una hipótesis y probar si se sostiene. Por eso no entrega reglas ni leyes numeradas sino una novela, donde el gerente que recibe tres meses de ultimátum para salvar su planta también está a punto de perder su matrimonio. La lectura que se propuso en la sesión es que esos personajes existen para cerrarle la puerta al lector: cuesta decir que el método no aplica al propio caso cuando el libro ya puso adentro al empleado antiguo, al jefe imposible y al problema en casa.
Tres indicadores contra la ocupación que no produce
Si la meta de cualquier empresa es ganar dinero, entonces solo tres cosas merecen medirse: el ritmo al que el sistema genera dinero por ventas, el dinero inmovilizado en lo que se pretende vender y lo que cuesta convertir lo segundo en lo primero. Lo demás es desperdicio, aunque parezca ocupado. El ejemplo que se compartió lo aterriza: dos recién graduados de ingeniería industrial automatizaron tareas en una empresa y armaron un tablero que certificaba un ahorro mensual, calculado en horas hombre; pero no se despidió a nadie y el tiempo liberado no se convirtió en ventas, así que el ahorro solo existía en el tablero. Mantener a todos ocupados no es lo mismo que ganar dinero, y una planta eficiente puede acumular inventario y quebrar igual.
Lo que aportó el grupo
Un participante contó que leyó el libro hace dos décadas y lo aplicó entonces en su planta: le sirvió sobre todo para alinear los objetivos globales de la empresa por encima de los locales, y sostiene que sigue vigente porque hay cosas que no cambian. Otra participante llegó a una conclusión que se salió del terreno de la fábrica: "tengo que organizar el negocio para que sea compatible con la vida que quiero tener".
La sesión completa está disponible aquí.


